16 Septiembre 2011, 11:07 PM
A PLENO PULMÓN
Fantasías sabatinas
Escrito por: FEDERICO HENRÍQUEZ GRATEREAUX ( henriquezcaolo@hotmail.com)
–La persona que dice usted podría surgir repentinamente y convertirse en líder político, no saldrá de ninguna taza. Simplemente, saldrá de su casa un buen día, tal vez por falta de agua o electricidad, con el propósito de visitar a su madre y usar la ducha de ella. Transitar por las calles es una operación rutinaria que tiene hoy muchos riesgos. Jóvenes audaces, montados en motocicletas, arrebatan bolsos a las mujeres y teléfonos a los hombres. Este hipotético sujeto, sin agua y sin energía eléctrica, podría fácilmente, con sólo salir a la calle, perder el teléfono, la cartera, la oportunidad de darse un baño de ducha en la casa de la anciana madre.
–Amigo, yo no he asegurado que un líder político brotará de una taza, como surgió el genio al frotar la maravillosa lámpara de Aladino. Solamente he transmitido la extraña visión de un trasnochador de la ciudad colonial. –Está bien, señor; usted no es el autor de la historia, pero es responsable de haberla difundido. Ese trasnochador, resacado o adormilado, introdujo sus deseos en la taza y los sacó en presencia suya. Lo real es un recipiente más grande que una taza. –¿Qué quiere decir con eso? –Que la República Dominicana “deja mucho que desear”; y los deseos se aglomeran lo mismo en una taza que dentro de una casa cualquiera.
–La fatiga, las frustraciones y contratiempos, estimulan a los hombres a “romper la taza”, a desafiar “el orden establecido. Si un hombre sin agua y sin luz sale de su casa y le roban el celular, no se sentirá satisfecho de vivir donde vive; si al llegar a la casa de la madre encuentra que ha ocurrido un robo “a la franca”, que la policía no ha hecho nada por impedirlo, escuchará a los vecinos gritar: “aquí hay que hacer algo”.
–Pero nadie sabrá explicar en qué consiste ese algo que “hay que hacer”. Después de decirlo muchas veces, algunas personas empezarán a pensar seriamente en “lo que hay que hacer”. A cada individuo se le ocurrirá una idea loca, o un pedazo de idea cuerda; poco a poco, entre todos, coserán una colcha de retazos mentales. Entonces aparecerá el nuevo líder.
Monday, September 19, 2011
Thursday, September 15, 2011
Escrito por: CLAUDIO ACOSTA ( c.acosta@hoy.com.do)
El otro Leonel.- No es por nada, pero cada vez resulta más difícil conciliar la imagen que el presidente Leonel Fernández se esmera en vender de cara al mundo, al escenario internacional en el que parece sentirse tan cómodo, con esa otra imagen de gobernante dispendioso, poco respetuoso hasta la grosería de los usos diplomáticos, que no ha tenido empacho en nombrar en el servicio exterior a más de 80 vicecónsules completamente inútiles e innecesarios con el único propósito de satisfacer apetencias clientelistas.
¿Quién diría, al escucharle discursear con tanta propiedad en los foros internacionales, que el nuevo cruzado contra la especulación mundial es el mismo gobernante pragmático que aplica el “todo se vale” para gobernar mejor y por mas tiempo, aunque al hacerlo degrade nuestras instituciones y envilezca aún mas --si acaso eso es posible-- nuestra práctica política? ¿Cómo explicarle que el estadista que apela a la comunidad internacional para enfrentar la especulación en los precios de los derivados del petróleo y los alimentos, que según el presidente Fernández empobrece a la humanidad y amenaza la gobernabilidad de las naciones, no ha movido un solo dedo de su poderosa mano para perseguir y castigar la corrupción que nos roba tantas oportunidades de desarrollo?
¿Quién creería que se niega, con argumentos que se salen por la tangente, a cumplir la ley que destina un mínimo del 4% del Producto Interno Bruto a la inversión en educación? Hubo una época en la que su capacidad de encantamiento impedía ver esas flagrantes incongruencias, el frecuente divorcio entre sus palabras y sus hechos, entre sus discursos y sus acciones y omisiones, pero el tiempo, el implacable, el que pasó, no perdona ni a los gobiernos, sobre todo cuando estos pierden la sintonía con sus gobernados, hasta que un buen día nos dimos cuenta de que del encanto habíamos pasado, prácticamente sin darnos cuenta, al desencanto que tan bien reflejan las más recientes encuestas.
El otro Leonel.- No es por nada, pero cada vez resulta más difícil conciliar la imagen que el presidente Leonel Fernández se esmera en vender de cara al mundo, al escenario internacional en el que parece sentirse tan cómodo, con esa otra imagen de gobernante dispendioso, poco respetuoso hasta la grosería de los usos diplomáticos, que no ha tenido empacho en nombrar en el servicio exterior a más de 80 vicecónsules completamente inútiles e innecesarios con el único propósito de satisfacer apetencias clientelistas.
¿Quién diría, al escucharle discursear con tanta propiedad en los foros internacionales, que el nuevo cruzado contra la especulación mundial es el mismo gobernante pragmático que aplica el “todo se vale” para gobernar mejor y por mas tiempo, aunque al hacerlo degrade nuestras instituciones y envilezca aún mas --si acaso eso es posible-- nuestra práctica política? ¿Cómo explicarle que el estadista que apela a la comunidad internacional para enfrentar la especulación en los precios de los derivados del petróleo y los alimentos, que según el presidente Fernández empobrece a la humanidad y amenaza la gobernabilidad de las naciones, no ha movido un solo dedo de su poderosa mano para perseguir y castigar la corrupción que nos roba tantas oportunidades de desarrollo?
¿Quién creería que se niega, con argumentos que se salen por la tangente, a cumplir la ley que destina un mínimo del 4% del Producto Interno Bruto a la inversión en educación? Hubo una época en la que su capacidad de encantamiento impedía ver esas flagrantes incongruencias, el frecuente divorcio entre sus palabras y sus hechos, entre sus discursos y sus acciones y omisiones, pero el tiempo, el implacable, el que pasó, no perdona ni a los gobiernos, sobre todo cuando estos pierden la sintonía con sus gobernados, hasta que un buen día nos dimos cuenta de que del encanto habíamos pasado, prácticamente sin darnos cuenta, al desencanto que tan bien reflejan las más recientes encuestas.
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