El hombre no lo sabe aún, pero sospecha que alguien lo mueve como una ficha en un juego misterioso tan grave, que a veces no quiere que lo muevan; quiere saber quién es el vedado jugador y curioso y soberbio a la vez, se hace un agujero en las sienes con un tiro, para poderlo ver del otro lado. Pero del otro lado... ay, con las balas que le llevan los suicidas, soldaditos de plomo se hace el jugador y sigue con su juego. Sólo es triste el juguete! Manuel del Cabral
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